
Pues bien, hoy voy a compartir con todos un poco de uno de mis poetas favoritos. Su nombre era Charles Pierre Baudelaire, poeta, crítico y traductor francés, también llamado "el poeta maldito", debido a su vida bohemia y abusos. Cuando tenía veinte años, contaba con una buena fortuna personal, heredada tras la muerte de su padre, pero la gastó rápidamente en parrandas y excesos. A pesar de quedar en la pobreza, se obstinó en llevar una vida caprichosa, sobre todo, después de publicar su célebre obra: "Las flores del mal"(1857). Se teñía el cabello de un color azul verdusco, era insolente, provocador y pasaba días enteros en los burdeles. En una ocasión, un editor retiró una coma de uno de sus poemas y él pasó una semana entera sin dormir, pensando en ese solo detalle. Aficionado a las drogas y el alcohol, consumía grandes cantidades de opio y hachís para disfrutar lo que llamaba los "paraísos artificiales". Salía a la calle con una estola de plumas color escarlata y otras prendas antiguas y pasadas de moda, repudiaba los honores que pretendían concederle y respondía a los elogios con insultos. Dos de los poemas que más disfruto de Baudelaire:
LA FUENTE DE SANGRE
Creo sentir, a veces que mi sangre en torrente
se me escapa en sollozos lo mismo que una fuente.
Oigo perfectamente su queja dolorida,
pero me palpo en vano para encontrar la herida.
Corre como si fuera regando un descampado,
y en curiosos islotes convierte el empedrado,
apagando la sed que hay en toda criatura
y tiñendo doquiera de rojo la Natura.
A menudo también del vino he demandado
que aplaque por un día mi terror. ¡Pero el vino
torna el mirar más claro y el oído más fino.
Tampoco en el amor el olvido he encontrado:
ha sido para mí un lecho de alfileres,
hecho para saciar la sed de las mujeres.
LA DESTRUCCIÓN
El demonio a mi lado acecha en tentaciones;
como un aire impalpable lo siento en torno mío;
lo respiro, lo siento quemando mis pulmones
de un culpable deseo con que, en vano, porfío.
Toma a veces la forma, sabiendo que amo el arte,
de la más seductora de todas las mujeres;
con pretextos y antojos que no hecho a mala parte
acostumbra mis labios a nefandos placeres.
Cada vez más, me aleja de la dulce mirada de Dios,
dejando mi alma jadeante, fatigada
en medio de las negras llanuras del hastío.
Y pone ante mis ojos llenos de confesiones,
heridas entreabiertas, espantosas visiones...
la destrucción preside este corazón mío.
A los cuarenta años estaba acabado. Sufrió, al término de su vida, un ataque de afasia(enfermedad que ataca los circuitos del cerebro). En las últimas emanas antes de morir solo pudo decir un par de sílabas. Murió en una clínica parisina en agosto de 1857, acogido por los brazos de su madre.
En su época, algunos lo consideraron como indecente e inmoral, otros como irreverente, pero hoy es considerado como el padre, o gran profeta, de la poesía moderna.